Ibiza – Costa norte

Ibiza - Costa norte (y una ojeada a Ses Balandres)


29 ene. 2024
Carlos Soto
Ibiza, aunque a más de uno le cueste creerlo, es mucho más que el templo por excelencia de la fiesta ininterrumpida. En serio. 

Quién podría creer, por ejemplo, que la Cala San Vicente -un núcleo turístico indiscutible, hoy en día, de la zona norte- había estado desconectada del resto de la isla hasta muy entrada la década de 1930. ¿A alguien le parece posible, contando con que estamos hablando de una isla de tan sólo 570 kilómetros cuadrados, que una buena porción de su territorio no fuera accesible por tierra hasta entonces? Vayamos más allá: Resulta que la vía de comunicación que al fin se creó, hacia 1940, fue simplemente un camino para carros. Y que el proyecto de carretera que iba a enlazar el valle con Sant Joan sufrió una demora de otros 20 años a causa de la Guerra Civil. Es decir, que hasta 1960, aproximadamente, el valle de San Vicente fue un paraje poco menos que inexplorado. De acuerdo con un artículo del Diario de Ibiza de 2008, la escritora Alexis Brown refleja aquella época en su libro “Crepúsculo sobre sa Cala”. En él refiere sus vivencias, al trasladarse entonces junto con su familia a San Vicente: “Dos escritores, criando y educando a sus hijos en un remoto valle de gran belleza, justo antes de que la vida allí se viera transformada por la construcción de una carretera”.

“Un remoto valle”, no te lo pierdas.
 
Repetimos, pues: ¿Es concebible, actualmente, que hasta los 60 -a la vuelta de la esquina, como quien dice- existiera una parte de Ibiza que había logrado mantenerse, con pocas reservas, al margen del mundo?
Suerte que Pizarro ya no estaba en activo.

Y, efectivamente, lo has adivinado: Primera escala de nuestra ruta, Cala San Vicente. Vamos a aprovechar que ahora sí hay carretera y podriamos alquilar un coche en Ibiza. A tu elección: Hertz o Thrifty. 

Cala Sant Vincent, todavía un pequeño reducto.

Nuestro primer destino se encuentra a 30Kms. de Ibiza. Y realmente ahora hay más de un camino para llegar allí. Pero nosotros siempre preferimos seguir, si existe la alternativa, aquellos que queden más próximos a la costa. De ese modo, hay bastantes probabilidades de que desde ciertos puntos atisbemos el mar; lo que es de agradecer. Tomaremos por tanto la ruta que pasa por Santa Eulalia: la carretera PM-810. Y debes estar atento, porque ya antes de llegar a la cala, podrás verla desde arriba, con una panorámica que quita el hipo.

Es amplia; mucho, en realidad, comparada con la mayoría. Y está flanqueada por dos brazos montañosos de roca que la protegen sobradamente del viento. Te llamará la atención, sin duda, el complejo de hoteles y comercios que ocupa la primera y única línea de playa. Pero hay que tener en cuenta que la población más cercana, San Vicente de Sa Cala, no puede considerarse un pueblo al uso, dado que la concentración física de viviendas -o edificios- a la que pueda darse el nombre de núcleo urbano es muy reducida. Eso significa que la verdadera oferta de alojamiento y de servicios de la zona se halla restringida a la cala. Ahí es donde podrás obtener lo que necesites. Y no hay más.

Por así decirlo, y enlazando con las líneas con que abríamos la entrada, Cala San Vicente ya hace unas décadas que es accesible por carretera. Pero, en cierto sentido, sigue siendo un lugar reservado. La prueba está en que, a pesar de la ocupación que puedan registrar los hoteles radicados allí, la playa no está en exceso frecuentada. 

Sant Joan de Lebritja,, very similar.

9Kms. al oeste, por la PM-811, y bordeando esa franja norte de Ibiza de puntillas -a merced de ese pacto tácito de preservarla de la masificación-, llegamos a Sant Joan.

Al igual que en la zona de San Vicente, hay aquí también una gran dispersión de viviendas. Como si hubiera una intención colectiva clara de descentralizar las áreas urbanas. Es cierto que en este caso sí se da, al menos, una concentración de edificios alrededor de la iglesia que cualquiera puede asociar al término de “pueblo”. Que puede asociarlo de forma inequívoca, queremos decir. Y, además, bonito; en el que merece la pena, y mucho, detenerse. 

Sin embargo, se siguen dando aquí lo que en una primera impresión semejan paradojas: El municipio de San Juan es posiblemente el más deshabitado de la isla -debido a la dispersión de viviendas de la que hablábamos- y, al mismo tiempo, el pueblo en sí, Sant Joan de Lebritja, es el mayor núcleo urbano del norte. Con lo pequeño que es.

Esos datos, en resumen, dan fe de ese peculiar influjo que pesa sobre el área a la que hemos dedicado nuestra ruta. Expresa o no, hay cierta voluntad -o deseo- de que esa gran lengua septentrional se mantenga a salvo de una invasión indiscriminada de turistas.

Más paradojas: En el siglo XIX, Sant Joan era uno de los puntos de mayor densidad de población de Ibiza. Razón: El cultivo de sus campos.

Cala Xarraca, la costa sin maquillaje.

Cala Xarraca, en consonancia con lo anterior, no es una playa tan complaciente como la de San Vicente. El acceso a ella en coche es fácil, a tan sólo 5Kms. al norte de Sant Joan. Incluso para aparcar en sus inmediaciones, no suele haber problema. Pero allí no nos aguarda un largo bancal de arena, lineal y uniforme, sino el perfil propio de las calas pequeñas y labradas en la roca.

La bahía que la comprende alberga en realidad tres pequeñas calas, una al lado de la otra. Todas ellas de dimensiones discretas y características disímiles. Encontraremos arena, naturalmente. Pero también algas, cantos y guijarros. Hasta pequeñas plataformas de hormigón -en los varaderos- y un islote, a escasos metros de la orilla. 

Lo que podemos descubrir en Cala Xarraca es, en definitiva, la factura salvaje propia de un recodo de costa; someramente suavizada por la mano de la civilización. En nuestra opinión, ese es el mejor escenario para el viajero. Porque entre aquellos parajes que quedan a nuestro alcance -los que son transitables por el hombre-, viene a ser el de mayor pureza. O lo que es lo mismo: el menos adulterado.

Las recompensas, en estos casos, casi siempre son inmediatas. Y también lo son aquí: Sus aguas son conocidas por ser las más claras de Ibiza.

Si con Cala Xarraca no te has quedado saciado -o también si lo has hecho, por qué no-, no tienes más que recorrer unos 800 metros más a pie en el sentido de la carretera. De esa manera llegarás a otra cala, s’Illot des Renclí. Más pequeña si cabe que las anteriores, de grava y también con algún que otro varadero. Pero comparte las mismas ventajas que aquellas: la nitidez de sus aguas no es superable. Para amenizar el baño, dicho sea de paso, contamos con el islote que da nombre al lugar; una plataforma plana prácticamente a tiro de brazo de la orilla.

Port de Sant Miquel, Cova de Can Marçà y Torre de Balansat.

Trazando una “U”, para abandonar la costa, avanzar y regresar de nuevo a la costa (por la E-10, SN-1 y EI-400, respectivamente; en total, unos 15Kms.), alcanzamos el siguiente hito de la zona norte. El Port de Sant Miquel guarda muchas similitudes con la Cala Sant Vincent. Su playa es un cómodo y despejado arenal y está resguardada del mar por brazos rocosos gruesos a ambos lados; también es un foco que trasluce una clara vocación turística, y a tales efectos cuenta con una infraestructura netamente hostelera. Si ya nos hemos dado el baño pertinente en el primero de nuestros hitos, Sant Vincent, podemos aprovechar la visita al Port de Sant Miquel para almorzar. Porque hay que subrayar el hecho de que es ahí donde existe una de las mejores y más reputadas ofertas culinarias de la isla. Partiendo del bullit de peix, hasta donde se te ocurra.

Sin prisa, pero sin pausa, tras el almuerzo continuaremos camino. Nos aguarda una auténtica belleza -para nosotros, las cuevas lo son sin excepción; sobre todo por esa connotación infantil que todas ellas irradian al respecto del contrabando y la piratería-: La Cova de Can Marçà.

Por dónde empezar. ¿Por su antigüedad? Más de 100.000 años. Ahí es nada. ¿Por su boca de acceso? A 12-14 metros sobre el nivel del mar; lo que nos obliga a descender por la misma pared del acantilado que la contiene. Ni te cuento, las vistas que ofrece dicho descenso. ¿Hablamos de estalactitas, estalagmitas y columnas coladas? ¿De sus fósiles? ¿De sus yacimientos acuáticos? 
Imagina el resto.

Por añadidura, los horarios de visita tienen total flexibilidad. 40 minutos de visita. Agéndalo…
 
Y una última nota, no podemos resistirnos: Si vamos ya un poco justos de tiempo, y no queda hueco para acercarnos a la Torre de Balansat, a 95 metros de altitud, fíjate en ella cuando menos desde el acantilado, porque desde él es visible (desde el mirador de la terraza de la cueva). Quienes hayan seguido nuestra ruta de Menorca, entenderán especialmente esta nota. Porque esta torre, así como la mayoría de las erigidas en esa otra isla, data del siglo XVIII. 

Bodega Can Maymó.

Queda, cómo no, la escala que incluimos en todas nuestras rutas: La visita a una de las bodegas representativas del lugar. 

Cerca del pueblo Sant Mateu nos aguardan las bodegas Can Maymó. A 8Kms. del Port de Sant Miquel. Además de otras variedades, como Merlot, Tempranillo y Moscatel, la bodega tiene ya una larga tradición en el cultivo de las variedades autóctonas Malvasía y Monastrell. Se trata de una empresa familiar, que hace ya años invirtió en reformas y en la modernización de sus instalaciones.

Como colofón a nuestra ruta, creemos que no está mal, ¿no?
Estas escalas, como sabes, deben hacerse con mucha moderación. No olvidemos que hay coche de por medio.

Ses Balandres, una recóndita cala.

No vamos a ocultar que para que la ruta de hoy fuera ya de ensueño, habríamos rematado con un descenso a Ses Balandres, una recóndita cala cuyo acceso es, digamos, arduo. Precisamente por ese motivo, debemos reservar esa aventura para otro día. Porque, de hecho, para hacerlo bien, conviene que a Ses Balandres vayamos cargados de paciencia, atención, energía y provisiones. Y equipados con calzado cómodo y fiable (nada de chanclas, queremos decir). Si se siguen esas pequeñas recomendaciones y se emprende así, se trata de una excursión fabulosa. De una duración, pongamos, de tres horas; una para bajar (puede hacerse en la mitad de tiempo), otra para descansar y disfrutar de la cala y una tercera para subir. El descenso por el acantilado no es peligroso -aunque algún tramo hay que hacerlo ayudándonos de una cuerda, queda dicho-, pero exige todo lo anterior.

A pesar de todo, y si hemos terminado nuestra ruta con algo de tiempo, es muy buena idea acercarnos hasta allí -queda a 9Kms. de la bodega-. Sólo sea para asomarnos y observar la cala desde arriba. Y hacernos idea así, plácidamente, de lo que va a hacernos falta el día que regresemos. 

Porque si veis la cala, regresaréis. La vista desde arriba ya os aseguramos nosotros que es impresionante.

Últimas rutas


Los Rodeos (Aeropuerto) – Acantilados de Los Gigantes

Los Rodeos (Aeropuerto) – Acantilados de Los Gigantes

4 oct. 2021
Carlos Soto

Te lo vamos a poner fácil. No sólo eso. A decir verdad, tu primer itinerario por Tenerife va a ser MUY fácil. Además, cómodo; sin trazados tortuosos (pongamos alguno hacia el final, para no aburrirnos). Y, por si lo anterior no fuera suficiente, queda a tu elección completarlo en una sola jornada o, tomándotelo con más calma, dividirlo en dos.

En una sola jornada, vaya la advertencia por delante, es un recorrido exigente.
En cualquier caso, tú únicamente debes traer ganas. Y un poco de energía, eso sí. Pero si cuentas con eso, y llegas a la isla a una hora temprana, lo tienes todo hecho.
 
Baja del avión en el Aeropuerto de Los Rodeos, alquila un coche en el Aeropuerto de Tenerife Norte, en Hertz o Thrifty, si no lo has hecho ya, y aprovecha al máximo tu visita a Tenerife desde el minuto uno.

Estamos hablando de una ruta que cubre una distancia total aproximada de 170Km. Eso, de ida. Porque para el regreso a la zona norte de la isla, si has reservado allí tu alojamiento, tienes distintas opciones.
Desde el aeropuerto, tomaremos la TF-24. 

Arrecife- Parque Nacional Timanfaya

Arrecife- Parque Nacional Timanfaya. Ruta sudoeste

27 sept. 2021
Carlos Soto

Una vez más, como suele ocurrir con las islas, enfrentamos un territorio que no sólo puede, sino que debe explorarse en coche. Contamos con todas las ventajas: distancias reducidas y un gran número de escalas posibles.

Hoy proponemos una ruta asequible (requiere poco esfuerzo) y bellísima. Además, puede emprenderse desde distintos puntos de origen. Podemos partir de Arrecife o de Puerto del Carmen, donde se concentra gran parte de la oferta de alojamiento o, como en otras ocasiones, desde el mismo aeropuerto, nada más aterrizar. El único requisito es comenzar a una hora temprana; aunque razonable, sin madrugones.
 
Contamos con que ya has hecho tu primera parada en Hertz, Dollar o Thrifty para alquilar un coche en el Aeropuerto de Lanzarote y que la isla, entera, queda tras el parabrisas.
 
Nuestra ruta sudoeste cubre una distancia aproximada de 80Kms. partiendo desde Arrecife. O incluso menor, si el origen es Puerto del Carmen o el aeropuerto. Ciñámonos a Arrecife. Desde ahí, tomamos la LZ-2; a continuación, la LZ-501.

La Palma – Roque de los Muchachos

La Palma - Roque de los Muchachos (y el cielo)

27 sept. 2021
Carlos soto

Lo primero que uno debe tener en mente cuando visita La Palma es que se adentra en un paraíso vegetal. Como no hay otro en nuestro país, nos atreveríamos a decir. Y contar con que, elija un circuito en coche u otros, va a ser testigo sin interrupción de su exuberancia. Porque la masa viva, frondosa e informe en que se convierten los bosques de laurisilva inunda la isla; y lo hace, sin mesura, allá donde se abra un resquicio. En laderas. En cañadas. En barrancos.

Olvídate de lo que has conocido. Los bosques de La Palma son otra cosa. Y tanto lo son, que para descubrirlo ni siquiera necesitas tener los ojos abiertos. Basta con olerlos.

No hablemos ya de su cielo, uno de los cinco mejores del mundo en cuanto a nitidez; óptimo para la observación astronómica. La prueba está en que en Roque de los Muchachos se encuentra el mejor observatorio astrofísico del hemisferio norte.

La Isla Bonita. Razones hay para su nombre. Además, Reserva Mundial de la Biosfera.
 
A la hora de trazar una ruta en coche, lógicamente, hay varias opciones. Su red de carreteras tiene una distribución radial desde la capital. Muy similar a la de la isla de Mallorca.

Hoy optamos por la rama norte, LP-1. Regresando después a Santa Cruz por el ramal noreste, la carretera LP-4. En total, como siempre, no vamos a abordar una distancia imposible. Alrededor de 150Kms. Tampoco vamos a hacer hincapié en ningún pueblo en especial (en uno, en todo caso), puesto que todos ellos tienen su encanto y queda a elección del viajero detenerse en el que más le atraiga. Aun así, abundan en nuestra ruta -también como siempre- los hitos. Porque en La Palma hay muchas cosas que ver.

Pasamos, pues, sin perder tiempo, por Hertz o por Thrifty, en el aeropuerto. Podemos alquilar un coche en el Aeropuerto de la Palma, el que nos parezca oportuno -ahí sí merece la pena invertir un minuto y elegir el vehículo que nos ofrezca mayor comodidad; vamos a pasar en él unas cuantas horas- y tomamos la LP-1.

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